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¡Imagínese!

La tortuga despistada

Mario A. Gámez

“Cuanto mayor la riqueza, más espesa la suciedad”

 

John Kenneth Galbraith,

 

economista estadounidense

 

Con inocencia, extraviada, una pequeña tortuga Carey llegó la mañana del viernes a la playa de Miramar. Normalmente esta especie habita las playas del sur del país, pero ésta decidió que debía arribar a Tamaulipas. De inmediato la mano del hombre la regresó al mar a que nuevamente encuentre su brújula natural y que bueno, pues bien pudo haberse manchado de hidrocarburos.

Es inverosímil que nuestras playas estén contaminadas con chapopote y que Petróleos Mexicanos diga con todo descaro “yo no fui”; y al mismo tiempo el propio gobierno federal, a través de la Profepa se haga de la vista gorda.

En qué mundo vivimos que para el secretario de turismo del estado, Miramar es “la playa mas limpia del país”, cuando para la Organización Mundial de la Salud está en la lista de las más contaminadas.

Apenas hace unos días se conocieron los resultados de los análisis del agua de la laguna “Dunas doradas”, a sólo unos metros del corredor industrial de Altamira, en donde se encontraba toda una colonia de camarón de agua dulce que pereció. Plomo, cromo y mercurio, entre otros metales causaron la muerte de estos crustáceos que comúnmente caen en las redes de los pescadores y que después claro, se comercializan.

Si la Asociación de Industriales del Sur de Tamaulipas que alberga a casi todas las empresas instaladas en Altamira dice que ellos no son los responsables de estas emisiones, ¿entonces quien?, ¿quién podrá ser el responsable de este atentado contra la naturaleza?, ¿habrá alguien en Altamira que practique procesos químicos con metales pesados y no se de cuenta que está matando a la fauna natural de los alrededores?

No puedo entender que interés es tan poderoso para mover a un ser humano a atentar contra el medio ambiente, a ahorrarse dinero para no procesar adecuadamente sus desechos tóxicos y simplemente arrojarlos al mar, a los ríos y a las lagunas, dejándole a sus hijos la bronca.

 

Es realmente una suerte que a la pequeña Carey que confundió a Miramar con Campeche, no le haya costado la vida su desoriente…¡imagínese!

 

 

mario.gamez@milenio.com

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